07 noviembre 2011

El jueves pasado, llegué de educación física con abundante olor a hediondo, interesantes litros de sudor en todo mi cuerpo, y decidí bañarme antes de dormir la siesta. Sepan comprender que no estaba con todas mis luces funcionando. La cuestión es que cuando salí de bañarme y agarré mi ropa que estaba en la banqueta, se me cayó el pantalón al suelo, por lo que apoyé(tiré, mejor dicho, por la distancia a la que estaba)mi corpiño en la tapa del inodoro, para doblar más cómoda el resto de las cosas. Fue en ese momento que me percaté del ruido que había hecho el corpiño al golpear contra la tapa. ¿Qué esperaríamos? ¿Un tac, pam, pat, pum, pac...? Bueno, como quieran decirle, pero lo que sonó fue algo tirando a SPLASH. Oh, dulce Catita, la tapa del inodoro estaba levantada, y tu corpiño ahora nada en aguas peligrosas. Gracias que en esta casa la gente recuerda tirar la cadena, o lo habría perdido para siempre. Nada, lo saqué y me lo puse. Na menta, lo puse para lavar. Muchos besos para todos, tengan cuidado con las tapas de los inodoros. 
Eso me recuerda a una divertida anécdota de mi niñez, que quedará para otra entrada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario